Portadas de papel

Mi reino por una conspiración

 La UCO entra en la sede del PSOE en Ferraz.
La UCO entra en la sede del PSOE en Ferraz.

En una ocasión, conversando con el escritor y profesor de Lengua, Pablo Macías -no se pierdan la publicación de Zumbío, su reciente obra teatral-, me recordaba que uno de sus profesores universitarios se refería a la poesía de Mario Benedetti como “diarreica”. No profundizó en los motivos y quise entender el símil a partir de la estructura con la que el poeta uruguayo levantaba muchas de sus composiciones, pese a lo cual no dejaba de parecerme una alusión algo ofensiva.

De hecho, creo que puede funcionar mejor para definir la catarata de mensajes con los que nos deleita a diario desde sus redes sociales Óscar Puente, el ministro de Transportes, y más leal y fiel escudero de Pedro Sánchez, que por actitud cada vez recuerda más al manitas de Gomaespuma: “Esto lo arreglo yo en dos patás”.

Hay ocasiones en que calla, pero desliza igualmente, con la intención de alimentar sospechas y conspiraciones judeo masónicas, como ha hecho compartiendo una publicación en la que se habla acerca del supuesto sabotaje de la derecha pro Trump y sionista al Gobierno de España.

Han pasado ya muchos años, pero Puente no debería olvidar lo que dijo Leire Pajín en 2009, cuando se refirió a la coincidencia de los gobiernos de Zapatero y Barack Obama como un “acontecimiento histórico planetario”. Lo digo porque dentro de esta escalada conspiranoica alguien puede terminar culpando a una raza extraterrestre, por mucha sensatez que intenten trasladar a la opinión pública voces como la de Eduardo Madina, que ha dado esta semana otra lección desde los micrófonos de la Ser a la hora de analizar el impacto de lo recogido en el auto del caso Leire.

Si tras el resultado de las elecciones andaluzas ya hubo alcaldes socialistas -Julio Millán, el de Jaén, el primero- en plantear la necesidad de evitar por todos los medios la coincidencia electoral de las municipales con las generales en 2027, se pueden hacer una idea de cómo ha ido extendiéndose, no sólo el mismo sentir, sino la necesidad de hacerlo público, como ha hecho esta semana el alcalde de Rota, Javier Ruiz Arana.

Es cierto que no apuntan con el dedo al jefe supremo y que lo argumentan desde el ámbito de la contaminación programática -no quieren una campaña dominada por el debate nacional cuando están en juego cuatro años de gobierno municipal-, pero tampoco hay que olvidar que algunos de los gobiernos socialistas que cayeron en 2023 apuntaron a que “parece que la gente ha votado pensando en clave nacional” -y eso que no llegaron a coincidir los comicios-, puesto que tampoco había motivos escandalosos para que se produjesen esas debacles, como ocurrió, por ejemplo, en Jerez.

En el fondo, lo que no quieren es llegar a esa misma conclusión si se produce el súper domingo electoral  -imaginen a los que aspiran a ganar donde gobierna el PP: misión imposible-. Como decía el alcalde roteño, evitando el señalamiento de los que piden elecciones este mismo año, “las generales no tienen por qué adelantarse a 2026, pueden ser incluso después de las municipales”; lo que quieren evitar a toda costa es que coincidan ambas en mayo de 2027 ante el temor de que los mensajes a nivel local queden desvirtuados por la confrontación política nacional, pero también a que una derrota de Pedro Sánchez pueda arrastrarlos a ellos.

Sánchez, por experiencia -la nuestra con él-, debe estar evaluando todos los escenarios posibles, que, como hemos comprobado, van en la línea de su propia supervivencia, no la del partido: le va a dar igual convocar las generales el mismo día de las municipales, a riesgo de perder determinadas alcaldías, si consigue mantenerse en el poder, y eso, los alcaldes, también lo saben por experiencia propia, pero, sobre todo, porque están en la calle, hablan con sus vecinos, palpan el ambiente, y ven que hay determinados debates nacionales que ahora mismo lo dominan todo, y a nivel local no les van a valer las excusas de las conspiraciones.