Portadas de papel

Lolo de Jerez, la voz que emigró a Barcelona con la ilusión de volver a cantar en su tierra

 Lolo de Jerez. | J.G.
Lolo de Jerez. | J.G.

 “Recuerdo una niñez cargada de momentos especiales alrededor del cante, de las fiestas que se hacían en el patio de la Casa del Castillo, en la calle Guarnidos del barrio de San Miguel, cuando en cualquier bautizo, en las zambombas o en unos dichos se compartía durante horas y horas y todos participábamos”, comenta el cantaor Lolo de Jerez (febrero del 58) que con apenas quince años decidió marcharse a Cataluña ante las oportunidades laborales que allí se presentaban frente a lo difícil que era encontrar un puesto de trabajo en la ciudad.

Viene en varias ocasiones al año para disfrutar de su madre, que ronda los noventa y tres años y la visita cuando puede, “además me gusta mucho pasearme por el centro de Jerez, por sus barrios y tomar una copa con amigos y familiares”, comenta. En el céntrico y popular establecimiento hostelero La Moderna nos vemos con él y compartimos una charla amena, es muy amable y cercano, y en sus ojos encuentro el brillo que tendría cuando se marchó y lo expresa asegurando que “me gustaría cantar en mi tierra, hace ya mucho que no lo hago y para mí sería muy importante”.

De esa mirada a atrás le llega la imagen de Alfredo Benítez (padre del cantaor Ezequiel Benítez), un gran aficionado jerezano que le tocó la guitarra por primera vez, “yo siempre cantaba con las palmas”, así como “esos amaneceres en la Plaza de Toros cuando tenía diez o doce años escuchando a Terremoto, Agujetas, El Sordera… yo era muy chico pero me gustaba mucho el cante”. Con quince años un tío suyo le comentó que en el taller donde él trabajaba había huecos que cubrir y se instaló en el municipio de Cerdanyola, “me coloqué allí aunque el cante no lo abandoné nunca”, resalta.

“En esa época había más peñas que bares en Barcelona y todos los fines de semana cantaba en alguna de ellas, además yo tenía compás porque era de Jerez y eso gustaba mucho allí”, continúa, “me llamaban de la peñas como las de Fosforito, Enrique Morente o Menese, la Tertulia Flamenca de Hospitalet Antonio Mairena, que sigue todavía… todas fundadas en su mayoría por andaluces y cuando me veían entrar les gustaba porque al ser de Jerez ya algo era especial”.

Lolo ha publicado dos discos en su carrera, ha viajado por países como Alemania, Francia o Italia, cantando para el baile y en solitario, ha participado en numerosos concursos haciéndose con varios primeros premios como en Llagosta en 2004 y 2005 o el de por tangos organizado por la Casa de Extremadura de Terrassa. En festivales ha compartido escenarios con José Menese, Fosforito, José Mercé, Chano Lobato, Juanito Villar, El Cabrero, María Soleá, Carmen Linares, Aurora Vargas… incluso con Juan Peña El Lebrijano en el Palau de la Música de Barcelona. “Una vez bajé a Chipiona y me lo encontré paseando y nos fuimos luego a tomar algo, nos apreciábamos mucho”, rememora. “La primera vez que actué en el Palau fue con la bailaora Flora Albaicín”, añade. Tampoco se olvida de aquella vez compartiendo con Miguel Poveda, “cuando empezaba”, en la Expo de Sevilla 92 “cantando para bailar, yo le decía: ¡ahora es! para que empezara a cantar”.

Ha desarrollado su vida allí y por eso, quizás, en su tierra no haya tenido especial presencia. “En una ocasión una delegada de Cultura de hace años me hizo presentarle un proyecto para que yo pudiera cantar en un Viernes Flamenco pero al final no salió” pero sí pudo estar en 2006 en la Peña Los Cernícalos. Ahora, cuando ya el ritmo de su vida es más pausado después de 53 años fuera, añora subirse a un escenario de una peña jerezana para que “me escuchen, con la de años que llevo creo que ya es hora”.