Portadas de papel

"Estás en el Congreso, ves que no hacen nada... lo mío era un grito de desesperación"

Irene Moreno y Ángel, su pareja, son de Jerez. Residen y trabajan en Madrid. El piso en el que viven de alquiler desde 2023 forma parte de un bloque de viviendas que se encuentra en propiedad de un fondo buitre desde diciembre de 2024. Apenas un mes después, los representantes de la empresa llamaron a su puerta con una proposición deshonesta: "Nos ofrecían 10.000 euros para que rompiéramos el contrato de alquiler y por las molestias".

Se negaron, por supuesto, ya que su contrato de alquiler es por cinco años y no cumple hasta 2028: "Nosotros tenemos aquí nuestro trabajo, ahora mismo tenemos aquí nuestra vida, y le dijimos que tal y como estaba el mercado eso no nos servía para nada". Sin embargo, la situación de todos los vecinos no es la misma y, una vez que recibieron la primera notificación de desahucio, este pasado mes de marzo, decidieron organizarse y hacer patente la defensa y la lucha por su situación.

Este martes, aprovechando que se debatía y votaba en el Congreso el decreto que prorrogaba hasta dos años los contratos de alquiler de vivienda habitual, acudieron a protestar ante la puerta. No sólo eso. Irene consiguió entrar como público, y al comprobar que la iniciativa quedaba tumbada se levantó de su asiento y empezó a recriminar a sus señorías, a voz en grito, su falta de sensibilidad ante la situación que atraviesan tantas familias en este país en materia de vivienda.

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, ordenó que desalojara el hemiciclo, mientras seguía dirigiéndose a los diputados y señalándolos con el dedo. Ella y su pareja se han disculpado públicamente en televisión por su reacción, pero como relataba este jueves en el espacio Viva 7 de 7 TV Jerez, "cuando estás allí en el Congreso y empiezas a ver los debates, y ver que no están haciendo nada, los discursos vacíos, el populismo... Cuando estás viendo cómo la gente habla mientras hablan los demás diputados y los ministros, y no atienden, mientras que tú lo estás pasando tan mal y la gente que tienes al lado en esta lucha... aquello ya era un grito de desesperación. No es yo soy de este partido, o yo soy de otro, es hacer algo, hacer algo, ya que nos están echando".

 

Su caso, y el de las demás familias que viven en su mismo bloque, sigue en el aire, después de que a finales del pasado año les comunicaran la venta del edificio. "Empecé a llamar a todas las puertas, a preguntar, nos reunimos e hicimos fuerza, ya que nosotros cumplimos con el pago del alquiler, pero hay personas que están en situación muy vulnerable". Acudieron al sindicato de inquilinas, a la plataforma de la vivienda de Chamberí, a informarse como afectadas, y se constituyeron como asociación este pasado marzo: la fachada de su bloque cuenta con todo un despliegue de pancartas que da cuenta de su lucha en este momento.

Ya han recibido la primera orden de desahucio del bloque, pese a que pagan "religiosamente", y relatan el caso de una pareja mayor que se puede quedar en la calle porque no tienen alternativa. "Ángel y yo al final somos unos privilegiados pero hay gente que está muy mal", confesaba.

El martes, en el Congreso, estaban convencidos de que el decreto no iba a salir adelante, "era un parche de mínimos", pero lo que no esperaban era la actitud de sus señorías frente a una realidad a la que, en su opinión, se mostraron ajenos e indolentes, y que fue lo que la llevó a levantarse de su asiento y hacer patente su "grito de desesperación".