La historia como refugio ante los excesos

El legado hay que preservarlo pero también difundirlo porque, como dijo San Agustín, no se puede amar aquello que no se conoce

 Exposición conmemorativa del 225 aniversario de la actual imagen de la Virgen de la Soledad, en los Claustros. | Viva Jerez.
Exposición conmemorativa del 225 aniversario de la actual imagen de la Virgen de la Soledad, en los Claustros. | Viva Jerez.

Sin necesidad de hacer ningún estudio demoscópico, casi podríamos concluir que nueve de cada diez cofrades entienden -entendemos- que de un tiempo a esta parte se abusa de las procesiones anteriormente conocidas como ‘extraordinarias’ y ya por lo general bastante ‘ordinarias’.

Esta pasada semana, en el programa ‘La Pasión’, de 7 TV, un veterano cofrade sevillano casi se enorgullecía cuando afirmaba que su hermandad no era de sacar a su Cristo a la calle cada dos por tres. “Está en su altar con los brazos abiertos durante todo el año para recibir a quien quiera”, vino a decir. Y quizá sea ese el mejor modo de preservar el misterio del Domingo de Ramos, que es el día en el que el Cristo del Amor baja por la rampa del Salvador para devolver tantos abrazos como ha recibido en su altar durante doce meses.

La Hermandad de la Soledad ha celebrado los 225 años de la llegada de la dolorosa que hoy conocemos con una exposición en los Claustros de Santo Domingo que no se ha limitado únicamente a exponer su patrimonio con más o menos gusto, sino que ha sido capaz además de construir una narrativa alrededor de esos dos siglos y pico. No es por supuesto la primera cofradía que incluye en su programa de actos conmemorativos de lo que sea una muestra de estas características. Pero igual la coincidencia de esta convocatoria con un periodo de hartazgo de pasos en la calle la ha podido convertir en un punto de inflexión. Ojalá así sea.

Cuando las procesiones extraordinarias eran algo realmente fuera de lo común, raro o excepcional, el tiempo de espera se consumía leyendo las tres o cuatro publicaciones a las que cualquiera tenía acceso, escuchando conferencias o asistiendo a mesas redonda. Existieron incluso concursos de ‘cultura cofrade’ en los que se podía preguntar si las jarras de entrevarales de tal o cual paso de palio eran de Landa, Seco o Villarreal o por la procedencia de los antiguos romanos de la Hermandad de la Coronación.

La historia es uno de los principales activos de las hermandades. Es difícil encontrar otro estamento que pueda presumir de atesorar un legado como el que las cofradías van transfiriendo de generación en generación. Se antoja imprescindible no solo preservarlo, sino difundirlo, entre otras cosas porque, como dijo San Agustín, no se puede amar aquello que no se conoce.