Rosalía y el ‘doppelgänger’ de Pedro Sánchez
He echado la vista atrás a lo ocurrido en los últimos siete días y más que titulares me encuentro con nombres propios. El primero es el de un torero para la historia, Rafael de Paula: desde el Día de los Santos Difuntos en el “coso de los cielos”, o en el “cielo de los toreros”.
Así lo describió el padre Manuel Barrera durante la homilía de su funeral. Más que homilía fue obituario taurino, más que el sacerdote hablaba el aficionado, empujado por las lágrimas y la ausencia definitiva de uno de los más grandes con el capote y la muleta. Y aún así, alguien a mi lado susurraba: “aquí no se debía caber. El día que muera Curro, en Sevilla cierran hasta los comercios”. Una frase que encierra un doble lamento: el del duelo por Paula y el de la pérdida de la identidad de una ciudad.
Para cuando el funeral ya había comenzado el juicio contra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, y ya había dimitido Carlos Mazón. Del primero habría que aguardar a ver qué es lo que dicen los jueces, porque todos los días hay quien dicta sentencia pero ninguno lleva toga -este domingo mismo, el presidente del Gobierno en la portada de El País-. Al segundo no cabe darle ni las gracias: entró en el gobierno valenciano desarmando la estrategia de Feijóo y se marcha poniéndole otra zancadilla a destiempo.
En Francia, mientras tanto, han salido a la venta las memorias de Juan Carlos I, que cada vez se parece más al banderillero de Juan Belmonte que llegó a delegado del Gobierno. Por parafrasear: “¿Y usted cómo ha llegado a rey emérito? Degenerando”.
Yo, esto de las memorias cada vez lo entiendo menos: en las semanas previas se entrevista al protagonista, la editorial avanza en los periódicos los primeros capítulos, y algunos medios desmenuzan el contenido para subrayar lo más importante -La Sexta tuvo toda una madrugada a tres periodistas en París leyendo el libro para detallarlo al día siguiente-. ¿Quién se va a querer comprar ahora el libro si ya nos lo han contado? Es como desvelarle a alguien el final de El sexto sentido en la cola del cine.
Ya el jueves le tocó el turno de nuevo a Carles Puigdemont y, en su nombre, a Miriam Nogueras. Fue algo así como la moviola, porque no dijeron nada nuevo; se limitaron a repetir lo que habían dicho la semana anterior, que no iban a apoyar ninguna ley más del Gobierno, como si en el ejecutivo no se hubiesen dado por aludidos. En realidad, todos sabíamos que este momento iba a llegar más tarde que pronto.
A Pedro Sánchez sólo le ha faltado decirle a Puigdemont que el de los acuerdos no fue él, sino que fue su “doppelgänger”. Igual que fue su doppelgänger quien dijo que nunca contaría con Pablo Iglesias en su gobierno, o que nunca pactaría con Bildu, o que en la vida concedería la amnistía a los líderes del procés.
Esto nos lleva al otro gran nombre propio de la semana, Rosalía, que es la que utiliza lo de doppelgänger en un vals con el que describe a un caradura rompecorazones que, en ciertos aspectos, le da un aire a nuestro presidente, sin lo de caradura ni lo de rompecorazones.
Su nuevo disco, LUX, posee un puñado de canciones extraordinarias, pero por encima de todo está la actitud y el talento de una artista para hacer una obra conceptual que concibe la modernidad desde un sentido luminoso e inspirador. Es como si hubiera cogido a todos sus millones de seguidores para decirles: “Ahora que os tengo donde os quería, probad esto”.
Ni motomami ni aventuras comerciales, la música y un sentido de la espiritualidad tan particular como auténtico. El Papa León XIV, que se está haciendo notar mucho menos que su predecesor, haría bien en escuchar “Dios es un stalker”, si es que la Iglesia sigue buscando una canción que seduzca a la juventud.