Portadas de papel

“Qué suerte hemos tenido en Jerez de tenerte. ¡Ole Rafael! ¡Viva tú!”

El sacerdote Manuel Barrera recordó en su homilía algunas de las faenas memorables de Paula, ahora que está “en el cielo de los toreros”

 El féretro de Rafael de Paula a la salida de Santiago. |  Román Ríos. Efe
El féretro de Rafael de Paula a la salida de Santiago. | Román Ríos. Efe

Hay despedidas y despedidas. La de ayer fue a un torero. Más todavía, a un genio. Así coincidían todos, los que lo vieron sobre un ruedo, los que lo conocieron y trataron, y los que han hecho suyo el recuerdo de faenas memorables e irrepetibles. “Hoy estamos haciendo historia”, se apresuró a decir el sacerdote Manuel Barrera desde el púlpito de la iglesia de Santiago, en la que pasará ya a la posteridad como una gran homilía taurina. ¿Y cómo es eso? “Es una cosa de las cosas”, que diría el maestro, don Rafael Soto Moreno, Rafael de Paula.

Pero eso fue antes. Decía que hay despedidas y despedidas. Jerez demostró ayer cómo se despide a un torero: primero, el silencio por el duelo; después, los aplausos ante el último paseíllo, con el féretro a hombros de la gente del mundo del toro; de nuevo el silencio ante el coche fúnebre, hasta que una voz de mujer, una voz del barrio, proclamaba lo que todos pensaban: “Qué suerte hemos tenido en Jerez de tenerte. Qué buenas tardes nos has dado. ¡Ole los toreros de arte y de verdad para la historia!. ¡Ole Rafael, viva tú!”. Suficiente para que se arrancaran las palmas por bulerías. Porque así se despide a un torero en Jerez. Y más que torero, un genio.

“De qué forma tan bonita ha surgido todo. Con qué pureza, sin nada preparado, sin nada fingido. Como era él”, confesaba emocionado Eduardo Dávila Miura, uno de los encargados de portar el féretro del maestro, velado durante más de dos horas ante el altar mayor de Santiago y cubierto por uno de sus capotes y una montera. Presidiendo la escena, su Señor del Prendimiento, su Señora del Desamparo y el Cristo de las Almas.

Desde las nueve y media de la mañana, y hasta las 12 que comenzó el funeral, fueron sumándose amigos y admiradores en el interior del templo, donde los tres hijos de Paula, Rafael, Jesús y Bernardo, acompañados de sus familiares, fueron recibiendo el pésame; en especial de cuantos habían acudido desde fuera de Jerez, con mención expresa y emotiva a la de Curro Romero, junto a su esposa Carmen Tello, que permaneció al lado de Jesús durante toda la ceremonia.

Del mundo del toro también estuvieron presentes los hermanos Cayetano y Francisco Rivera Ordóñez, Javier Conde, Pablo Aguado, José Luis Galloso, Fermín Bohórquez, Santiago Domecq, Francisco Núñez Currillo, Luis Parra el Jerezano, los hermanos Luis y Antonio Domecq, Víctor Janeiro, Antonio Lozano... Del mundo del arte flamenco también acudieron Paco Cepero, Diego Carrasco, Luis El Zambo, Diego Soto Sordera, Fernando Soto... Y entre las autoridades, además de la alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, junto a miembros del Gobierno local y de la Corporación, estuvo presente Ana Mestre en representación del Gobierno de la Junta de Andalucía.

Con la iglesia ya abarrotada, comenzó una función religiosa que estuvo oficiada por el padre Manuel Barrera. Tampoco permanecerá en el olvido, gracias a su homilía, que arrancó diciendo que era un “día triste y doloroso”, pero, “en especial, para el mundo taurino”. Y ahí fijó ya al marco referencial antes de entrar en faena. Porque la doctrina cristiana, sí, nos dice que “la vida no termina con la muerte, que la muerte no es el final”, y que Paula “goza ya en la presencia de Dios y participa de la gran fiesta de Dios” hasta que llegue el día en que volvamos a reunirnos con él, pero lo que la mayoría tenía presente en ese momento era el legado y la huella del “Maestro Rafael”, como así fue atestiguando el sacerdote poco a poco. “Estamos despidiendo a un artista, a un genio de la tauromaquia. Si tuviera que definirlo lo haría diciendo que ha sido genio y figura hasta la sepultura. Junto al maestro de Camas ha escrito un antes y un después, con esa muñeca y esa cintura que el Prendi le dio, y el temple de su capote”.

“Ahora -prosiguió- sufrimos, lloramos, sentimos su muerte, pero si miramos al cielo de los toreros sabemos que Chicuelo, Belmonte y Bienvenida lo habrán recibido en el coso del cielo”. Eso sí, los que aún quedamos aquí -Jerez-, advirtió, tienen “una deuda con el maestro que tendrá que ser saldada”, y apeló a las autoridades a que impulsen la creación de un monumento para el que ya puso incluso ubicación, junto al coso de la calle Circo. “Se lo merece. Porque con él no sólo hubo un antes y un después, sino que incluso el toreo se acabó con él”. Y hasta puso fecha a ese día: el 18 de mayo de 2000, el día que se cortó la coleta. “Allí lloramos de impotencia”, como ayer se lloraba su adiós: “El maestro permanecerá en el recuerdo y en el corazón de los que le quisimos”. Todo, seguido de una súplica. Primero, por sus hijos. Y después, por los taurinos: “Acuérdate de ellos Señor, porque se nos ha ido un grande del toreo”. Amén.