La afición por el bonsái, en auge entre los vecinos del Parque Atlántico
Este sábado han organizado su primera actividad abierta al público, un mercadillo del bonsái, para expandir la afición por este noble arte
La palabra “bonsái” no se coló en nuestro vocabulario hasta mediados de los años 80. Los culpables, el señor Miyagi, que los cuidaba en Kárate kid, y Felipe González, que se especializó en este noble arte tras un viaje a Japón y encontró en el mismo un oasis de paz frente al estrés de gobernar un país.
Juan Carlos Gallego también quedó atrapado hace años por el mundo del bonsái, pero no se conforma con cuidar su colección de medio centenar de ejemplares, sino que también ejerce de divulgador. Por eso, cuando se instaló recientemente como un vecino más en el Parque Atlántico planteó al presidente de la asociación vecinal, José Antonio Zarzuela, crear un grupo de aficionados al bonsái. Ese grupo tiene ya nombre, Fondo Norte, y en apenas un mes de funcionamiento acumula ya 25 asociados.
El impacto de la actividad ha sido tal que este sábado celebran en el parque de la sede de la Asociación vecinal su primer Mercadillo del Bonsái, desde las 10 de la mañana y hasta las seis de la tarde. Está prevista la instalación de 16 puestos en los que, además de bonsáis y prebonsáis, se podrán comprar herramientas específicas, sustratos, abonos, e incluso árboles.
Gallego está entusiasmado con la organización del evento, pero más aún con la respuesta de sus convecinos, con los que se reúne todos los sábados por la mañana en la sede de la asociación y a los que va transmitiendo sus conocimientos -las clases son autotelevisadas para que todos vean con detalle cómo se trabaja o se alambra un bonsái-: “Aquí se viene a aprender o a enseñar, porque esto es recíproco”, subraya.
Pero no sólo eso, “esta práctica, además de relajante, te acerca a los demás, hay algo que compartes, ayuda a socializar. Es casi una especie de terapia”, cuenta Juan Carlos, que lo primero que hace es regalar un prebonsái a cada nuevo socio. Lleva el nombre de la especie y del cultivador, “con lo que cada sábado, cuando vienen, cogen el suyo y avanzamos en su cuidado”. Además, resalta, su arco de edad va desde los 8 a los 80 años. “El bonsái no es de gente mayor ni de gente joven, es para el que le guste”, y en el Parque Atlántico está gustando.
“Yo quiero revolucionar la didáctica del bonsái -confiesa Gallego-, ya que está rodeada de ocultismo, y aquí en mes y medio hemos pasado desde la raíz hasta el diseño, hemos pasado por todas las disciplinas”. A partir de ahí, están los que trabajan desde la semilla hasta el árbol y los que optan por el mantenimiento del árbol, al tiempo que se avanza en las diferentes especies que se pueden cultivar.