Portadas de papel

Torrente presidente: poca broma

 Santiago Segura interpreta a Torrente en Torrente 2: Misión en Marbella<br>- AMIGUETES ENTERTAINMENT
Santiago Segura interpreta a Torrente en Torrente 2: Misión en Marbella- AMIGUETES ENTERTAINMENT

Hasta finales de la década de los 90 nadie se atrevía a hablar en España con cierta claridad de la existencia de una “industria del cine”, a semejanza de la francesa o la británica. Una nueva generación de realizadores, con una mentalidad y una visión mucho más deudora del nuevo Hollywood que del cine de autor europeo, contribuyó a reconquistar un espacio en la taquilla que ha ido en aumento desde entonces hasta fortalecer los pilares de una competente industria en auge.

Así, como aprendimos el año pasado, para que se pueda hacer una película como La infiltrada antes hace falta que triunfen otras -banales, pero muy comerciales- como Padre no hay más que uno. Todavía no sabemos qué películas podrán hacerse gracias a Torrente presidente, pero, por las expectativas generadas, pueden ser unas cuantas, y hasta el más beligerante realizador de izquierdas se atreverá a decir “gracias a dios” si logra financiación para su próximo filme gracias al escatológico y repugnante personaje de la popular saga.             

La duda está en si Segura va a aprovechar para saldar cuentas pendientes con determinados personajes de la escena pública nacional -es uno de los alicientes- o si se va a limitar a llevar un poco más al extremo la caricatura de su protagonista, entre la cochambre y la estulticia. Haga lo que haga, ya ha demostrado que es un genio del marketing.

Lo último, propiciar una encuesta elaborada por GAD-3 -poca broma- para medir la aceptación que podría tener un personaje como José Luis Torrente si se presentara a la presidencia del Gobierno. El resultado, aunque forma parte de la (política) ficción, invita una vez más a replantearnos qué tipo de sociedad estamos construyendo entre todos. A modo de ejemplo; uno de cada cinco españoles le elegiría como presidente; sería el tercer líder mejor valorado, por detrás de Pedro Sánchez y Feijóo; un 19% lo preferiría para ocupar la Moncloa antes que a Santiago Abascal o Yolanda Díaz; y arrasaría entre los votantes de entre 18 y 29 años.

Puede que los encuestados se tomaran a broma las preguntas, a partir del hecho de que estamos ante una situación hipotética e irrealizable, pero lo de Chiquilicuatre también empezó como broma televisiva y acabó en Eurovisión, como retrato de esa misma sociedad que confiaría los destinos del país a un tipo de ficción al que nadie en su sentido juicio querría parecerse en la vida, por mucho que le hagan gracia sus guarrerías y su sentido de la patria y la justicia.

El mundo tampoco está para mucha broma, aunque sea la única forma de retratar a Trump -los de SNL han detectado en una imagen suya  un enorme sarpullido en el cuello y han dictaminado que es porque le lavaron la camisa con agua bendita-.

Más serio, y olvidando citar a la bicha, ha dicho Pedro Sánchez que “no a la guerra”, y El País que dos de cada tres españoles dicen lo mismo. Lo raro es que no sean tres de cada tres o, al menos, dos y medio de cada tres. ¿Quién va a decir lo contrario? La cuestión es si quien dice “no a la guerra” está pensando más en su cartera que en todos los muertos que están dejando los bombardeos en Oriente Próximo.

Porque en una cosa tiene razón el ministro Albares, “esta guerra afecta mucho más a Europa que a su promotor, que no informó ni preguntó”, pero por eso mismo, y a riesgo de generalizar, prestamos más atención a las conexiones con el parqué de la Bolsa, a las tarifas de las estaciones de servicio o a si podremos seguir vendiendo vino y aceite a Estados Unidos, que a las imágenes de las ciudades arrasadas y los cuerpos sepultados. Lo mismo que tenemos un presidente que cree que esto le va a beneficiar electoralmente.

Frente a lo irremediable, lo más frustrante es que después no haya tribunal en el mundo que enjuicie a Trump y Netanyahu, y de paso a Putin, por todas las atrocidades cometidas. Para eso habrá que recurrir también a la ficción