No son de derechas, son antisanchistas
Creo que la candidatura de José Ignacio García por Adelante Andalucía puede ser una de las sorpresas de las próximas elecciones autonómicas, en el sentido de que puede convertirse en cuarta fuerza política, arrebatando a Por Andalucía -IU y las alianzas que no suman- un papel referencial histórico a la izquierda del PSOE.
A García no le han regalado nada; es más, asumió el relevo de la muy mediática Teresa Rodríguez siendo un auténtico desconocido para la mayoría del electorado andaluz, y todo apunta a que va a mejorar los resultados que obtuvo su popular predecesora.
Ha conseguido algo muy difícil y de lo que pueden presumir muy pocos políticos: puedes no estar de acuerdo ni alineado con su ideario y sus proclamas, pero hay que admitir que las expone de forma clara y argumentada, con dotes de buen orador. También, que ha vuelto a dotar de sentido “andalucista” a la bandera blanquiverde tras el agotamiento del discurso de un andalucismo reducido a la mínima expresión en lo que llevamos de siglo XXI. Después, puede que lo conozcan más por sus camisetas con consignas reivindicativas que por su nombre, pero también es una forma de llamar la atención para dar paso al interés. Y se lo ha ganado a pulso.
Este viernes, en el preámbulo al 28F, inauguró su particular precampaña con un acto político y festivo en el que dijo que están aquí para “plantar cara a las derechas”, a la del PP y a la de Vox -la “extrema derecha”-, pero también a sus aliados económicos y mediáticos. Entre ellos citó a algunos mercachifles ideológicos y bullangueros, pero también a Ana Rosa Quintana y Pablo Motos.
Yo no sé a quiénes votan ninguno de los dos, ni si en sus programas han llegado a pedir el voto para la derecha, o si vuelcan sus contenidos en favor de la derecha -son tan libres de hacerlo como lo hacen quienes los vuelcan hacia la izquierda-, que debe ser donde acumulan méritos para ser incluidos en esa lista, pero entiendo que en esto de repartir carnets gratuitamente hay una larga y funesta tradición en nuestro país que responde siempre al intento de desprestigiar a quien no piensa como tú.
No voy a defender ni criticar la línea editorial de Ana Rosa Quintana porque no veo su programa -digamos que tampoco entra entre mis preferencias-. A Pablo Motos sí lo tengo más visto. Ha convertido la fórmula del añorado Lo + Plus en un circo de tres pistas. A mí me parece cansino.
A lo que voy, porque alguna de sus tertulias finales sí las he visto, es que creo que en Motos se da una de las confusiones generalizadas dentro de este momento político tan particular que vivimos en nuestro país: Pablo Motos no es de derechas, es antisanchista. Y ser antisanchista no te convierte en alguien de derechas.
La prueba más palpable la tenemos en Felipe González, y en tantos miles de ciudadanos que han decidido retirar su voto al PSOE mientras siga liderado por Sánchez, ¿o es que todos esos miles de simpatizantes se han vuelto de pronto de derechas renunciando a sus ideales de izquierdas?
No voy a enumerar las razones por las que una persona se hace “antisanchista”, aunque tienen su origen en su traicionada renuncia al insomnio -la primera en la frente, aunque él lo llamara cambiar de opinión-. A partir de ahí, tira millas.
¿Que muchas de esas razones son las que han contribuido a disparar las expectativas de la extrema derecha? No me cabe la menor duda, pero eso no hace a todo el mundo de derechas o de extrema derecha, sino que apunta en la dirección de quienes no soportan más tanta degradación, ni, por desgracia, una alternativa que entusiasme.