Qué difícil es creer…

Comisión permanente de la Conferencia Episcopal Española. | CEE.
La jerarquía eclesiástica no parece entender el significado del "más vale una colorá que ciento amarilla"

No conozco a monseñor Zornoza. Asidonia-Jerez y Cádiz-Ceuta son diócesis vecinas, pero por aquí sabemos poco de las cosas que ocurren más allá de Valdelagrana y sospecho que algo parecido debe suceder a la inversa.

Sin embargo, hace unos días sí que se supo que su prelado -que ya presentó renuncia al cumplir los 75 años- está siendo investigado por el Vaticano por unos supuestos asuntos que ocurrieron en el pasado, cuando dirigía el Seminario de Getafe.

Cabe respetar la presunción de inocencia, pero es la propia Iglesia la que reconoce indicios de “verosimilitud” a la denuncia y la que se refiere a cuestiones totalmente ajenas al proceso para justificar que el obispo suspenda toda su agenda, como ese “cáncer agresivo” del que no se tuvo conocimiento público hasta que saltara este escándalo.

Poco antes de esa mañana de lunes, monseñor Zornoza había administrado el sacramento de la confirmación a jóvenes y adultos, entiendo que sobreponiéndose a esa grave dolencia. Y no ocurría absolutamente nada a pesar de que la acusación llevaba meses pasando de un despacho a otro.

Respetando esa presunción de inocencia, existió entonces la posibilidad de nombrar nuevo obispo para Cádiz sin levantar sospecha alguna, dado que el titular de la Diócesis ya había presentado su renuncia. Y nadie hubiera relacionado un hecho con el otro. Se optó por no hacer nada, que es lo que suele hacer casi siempre la jerarquía eclesiástica, que no parece entender el significado del “más vale una colorá, que ciento amarilla”.

El problema de ese modo de actuar es que -se quiera o no- cualquier hijo de vecino puede preguntarse cuántos otros asuntos más o menos feos andan de despacho en despacho sin que se adopten medidas concretas para erradicarlos. Y no hablo ya de abusos sexuales -que serán los menos-, sino también de excesos varios o de abusos de poder o de conciencia cometidos por religiosos o seglares a los que alguna vez se ha dado mando en plaza.

Hace ahora un par de meses, la Policía Nacional detuvo en Torremolinos al vicario episcopal para el Clero de la Archidiócesis de Toledo, la mano derecha del mismísimo obispo. Le pillaron con una dosis de estupefacientes incompatible con el consumo personal y en el apartamento que había reservado para pasar el fin de semana encontraron más droga, balanzas para pesarla y juguetes sexuales.

¿En las sedes episcopales no se entera nadie de nada?

Qué difícil es creer…