Del Hontoria al cielo
Bosco, tronco, escúchame una cosa: yo pensaba que la Feria de Jerez era una movida folclórica más tipo tomarte un rebujito, escuchar dos sevillanas y pirarte, como hacen los ‘influencers’ en la de Sevilla. Pero no. Esto es otra historia. ¡Buah! Te lo digo de verdad: engancha mazo.
Yo, que soy de estar entre Ponzano y cualquier garito donde te sirvan una IPA caliente a nueve pavos, he descubierto una manera de vivir que renta muchísimo más. Porque tú entras en el Real y todo el mundo parece estar en plan dabuti sin querer aparentarlo. No hay postureo. Bueno, sí lo hay, pero elegante. Con arte. La peña va pintona, pero en modo ‘living’ cuando empieza el flamenquito.
Y luego está la hospitalidad, macho. Eso sí que me dejó loco. Allí tardas seis meses en conseguir que alguien te invite a su ‘keli’ y aquí, en cero coma, estás dentro de una caseta tomando fino con un señor que no conocías de nada y que ya te trata como si fueras un primo suyo de Pozuelo. “Paza, cojone”, te dicen. Y tú pasas. Claro que pasas.
Ayer acabé bailando sevillanas. Yo, que no me muevo de una baldosa. Y es que el Hontoria te arrastra. Primero miras desde fuera en plan antropólogo castizo, creyéndote diferente buscando vermut, y cuando te han arrimado la tercera jarra, ya estás dando palmas y diciendo “ole” como si hubieras nacido al lado de Lola Flores.
Aun así, lo más fuerte vendrá hoy, porque el personal se va a algo a lo que llaman los tiestos y encima llegaremos los gatos. Va a ser como un ‘afterwork’ con salero; algo parecido a cuando fuimos con Beltrán y aquel compi tuyo de ICADE a zamparnos unos serranitos en ese garito de Chamberí.
Pfff, chaval… Tengo que decir que le estoy pillando el rollo a esto de la americana blanca; combina muy bien con el bronceado de ‘la capi’ que luzco. A ver si se queda atrapado el fleco de algún mantoncillo en el botón y me sirve de excusa para parlotear con alguna. De aquí, de El Puerto o de Almagro, me da igual.
En fin, colega, estate al loro… Uno viene pensando que está de visita y, después de darse una vuelta por las calles repletas de bares con terraza, acaba entendiendo que hay sitios donde la vida se hace mejor. Y encima tenemos en común que Jerez termina en z como Madriz…