Portadas de papel

Una España llena de dummies

La parodia se ha convertido en el género que nos permite acercarnos con más exactitud al momento político que vive nuestro país
Ábalos junto a Pedro Sánchez. |  Efe
Ábalos junto a Pedro Sánchez. | Efe

Hay veces en las que lo que sucede en España se entiende mejor a través de un titular de El Mundo Today que a través de un informativo o una tertulia. Han publicado esta semana: “Pedro Sánchez admite que Pedro Sánchez es un gran desconocido para él”.

La parodia se ha convertido en el género que nos permite acercarnos con más exactitud al momento político que vive nuestro país, y no porque sean todos unos cachondos, sino porque de alguna forma hay que desahogarse. Lo hace ese titular, aunque, conociendo a sus responsables, lo raro es que no se hubieran anticipado al propio Sánchez haciendo suyo el titular original, el de “Ábalos era un gran desconocido para mí”, porque parecía extraído de una web humorística si no fuera porque lo dijo el propio presidente en una entrevista radiofónica en directo.

A Sánchez, de momento, no lo salva de su desfachatez ni de su arrodillamiento permanente el apoyo puntual de sus socios de Gobierno, sino una oposición que da excesiva grima y en la que Feijóo va camino de ratificarse como nuevo bluff político, apoyado en una serie de portavoces que es para echarse atrás, aunque esta peculiaridad ya viene de más lejos en la trayectoria reciente del PP. Ya luego está Vox, que es como el comodín del público;  es decir, el de Sánchez, el de Rufián y el de todo el que pretenda sacar brillo a los complejos de los populares.

No sé cómo habrá titulado El Mundo Today la celebración del 6 de diciembre, aunque, un año más, lo más importante no lo dijeron los que posaron ante los micros, sino los que aún quedan vivos de cuantos participaron en primera persona en la elaboración de nuestra Carta Magna. Son el ejemplo y el espejo al que son incapaces de asomarse quienes nos representan en este momento en las instituciones democráticas.

Si es que hasta se te saltan las lágrimas escuchando a Miquel Roca, con lo desagradable que nos parecía en los 80. O a Guerra, aunque de risa, cuando responde a aquellos que ahora lo llaman “facha”.

Lo de Juan Carlos I, en cambio, ya da pena, rebajándose al tik tok para vender su libro en busca del esplendor perdido, de aquellos tiempos en los que en España había republicanos juancarlistas, de ese prestigio que él mismo se encargó de desbaratar, después de que decidiera visitar el territorio del ridículo y la corrupción, ése del que ya resulta imposible volver, como le resulta difícil volver de un país extranjero, porque todo se reduce a una condición moral en pago a la pena sumarísima que le corresponde. Nadie le va a negar todo lo bueno que hizo, pero tampoco todo lo malo, ni permitirle ahora que se escude en la figura de su hijo, que ha demostrado que sabe valerse por sí solo.

Todo esto coincide además con el estreno de una interesantísima serie, Anatomía de un instante, basada en la novela de Javier Cercas, y en la que a través de ese instante del título, el intento de golpe de Estado del 23-F, retrata a una serie de personajes fundamentales en el tránsito de la dictadura a la democracia.

Rosa Belmonte se ha animado a rebajar los elogios sobre la serie al escribir que parece hecha “para dummies”, como esas colecciones de libros “para aprender de forma fácil y entretenida cualquier tema de interés general”, aunque ¿acaso no vivimos en un país lleno de dummies, y lleno de gente empeñada en convencer a todos esos dummies de que la transición fue un fracaso, incluso de que no fue tal?. 

Peor aún, un país lleno de gente involucrada en trasladar a todos esos dummies que la solución pasa por la extrema derecha, después de que fracasaran los que quisieron hacer ver que pasaba por la extrema izquierda. Esto es España, el país en el que ver una serie se ha convertido casi en nuestra última esperanza.