Amor y Sacrificio, una ‘enmienda a la totalidad’ cofradiera

A las cinco y media de la tarde -y con cuatro cofradías camino del palquillo de la plaza Aladro-, inició su recorrido la Hermandad de Amor y Sacrificio desde la parroquia de Madre de Dios, haciéndose el silencio en las Puertas del Sol y la Plazuela, donde volvió a reencontrarse con el Señor de la Sentencia y la Esperanza de la Yedra. Junto a Ella no hay cornetas ni tambores, palilleras ni cascabeles; la lírica de capataces y costaleros se torna en simples ave marías; y no existe otra música que las letanías a la Santísima Virgen…

Junto a la Virgen del Amor y Sacrificio no hay nada de aquello que parece imprescindible para atraer a la masa, pero ahí está esa masa, pendiente de una dolorosa que mira al cielo y sostiene una corona de espinas entre sus manos… Sus negros nazarenos –que sustituyen el antifaz por un capuz- bajan por la Sol en busca de la plaza de las Angustias, mientras alguna saeta parece fundirse con el permanente rezo de las avemarías.

Amor y Sacrificio no es un mero contrapunto, es una enmienda a la totalidad de muchos de los debates que alimentan el día a día del mundillo cofradiero.