Los agricultores afectados por la riada reclaman que las ayudas lleguen “cuanto antes”
Muchos lo han perdido todo. No sólo el cultivo, también las infraestructuras de regadío, maquinaria, ganado. Sin dejar a un lado el hecho de que el suelo está impracticable y ni siquiera pueden entrar a plantar nuevas cosechas, con las semillas ya adquiridas y a resguardo en el almacén o la cooperativa. Los argumentos son contundentes y el campo reclama que las ayudas lleguen “cuanto antes”. De no hacerlo, hay quien ya se está planteando desistir después de experimentar y sufrir las consecuencias de una riada como nunca hubo otra antes.
Noelia Carmona trabaja tierras en La Barca, El Torno, San isidro del Guadalete, donde cultiva zanahorias, cebollas, patatas, remolacha de mesa... En total, 50 hectáreas, de las que doce se encuentran ahora bajo agua y el resto seriamente dañadas. “Es una ruina, se ha perdido el cultivo, las infraestructuras del riego, el suelo fértil...”, relata a Viva Jerez. “Es imposible entrar”, como le demostró al ministro de Agricultura, Luis Planas, el pasado jueves. “Lamentablemente, estamos en zona catastrófica y habrá que tomar medidas, ya sea el Gobierno central, Junta y la Unión Europea”. Pero, sobre todo, espera más celeridad que el año pasado, en el que también sufrió el paso de la Dana en marzo. “Pagaron en diciembre, y menos de lo esperado”, recuerda.
En su caso calcula que las pérdidas pueden ser de unos 8.000 euros por hectárea. “Haz la cuenta”, apostilla sin ánimos de seguir haciendo números. “El problema es el tiempo en que va a tardar en desaparecer la capa de lodo que cubre el campo, por lo que este año ni siquiera vamos a poder paliar la situación con cultivos de verano, como la pipa o el algodón”.
Carmona recuerda que el año pasado, tras la Dana, hicieron el esfuerzo y se tiró para adelante, pero, con daños de esta envergadura, si en septiembre no llegan las ayudas no puedo seguir”, ya que carece de recursos para hacerlo.
José Antonio Macías es ganadero. Tiene su explotación entre El Torno y San Isidro. Antes de la llegada del agua colocó pacas en el interior de su almacén para que las vacas estuvieran en alto, pero la crecida del río obligó a rescatarlas. Unas 70 cabezas, treinta de ellas de vacas de leche. Las ha tenido que vender todas al no encontrar donde resguardarlas. También ha perdido la cosecha de alfalfa.
“Voy a seguir con la agricultura y el resto de animales, pero ya no me fío del pantano ni del río. ¿Qué va a pasar el año que viene si vuelve a llover?”, expone preocupado, al tiempo que recuerda que hace unos 20 años sufrió otra inundación, “pero fue cosa de un día y salimos adelante”. Ahora está pendiente de hablar con COAG para ver cómo solicitar las ayudas.
Jacinto Carrasco es agricultor veterano. Ha vivido otras riadas, “pero como ésta ninguna. Ni los más antiguos lo han visto”. Recuerda que en otros años ha perdido cultivos, “pero pasado un mes he podido entrar y empezar de nuevo, pero este año no voy a poder”.
En su zona hay afectados campos sembrados de zanahorias, chirivías, cereal, guisantes, aguacate, espárragos… En su caso son más de cinco hectáreas. “Ya no es solo los cultivos, lo perdido, perdido está, pero el problema es que no tenemos futuro. No vamos a poder sembrar la tierra”, explica, ya que el agua ha derribado además un muro de contención, al que ahora es imposible acceder para su reparación, por lo que el río “campa a sus anchas por tierras de labor”.
Carrasco apunta también a otras consecuencias, como las que va a haber en el empleo: “Si las cooperativas no tienen qué vender cómo van a mantener al personal”, señalando que las ventas han bajado ya un 80% “porque no podemos entrar en los campos”. A ello se suman las simientes sin plantar “que no se pueden devolver,como por ejemplo el cereal, que no se ha podido plantar, o la patata, que está en el almacén y no se puede plantar, pero que ha habido que pagarlas porque vienen de importación. O los semilleros pedidos por las cooperativas sin poderlas plantar, y para eso no hay seguro que lo cubra, porque cubre un a vez plantado”. Los daños, apostilla, son “incalculables. Esto se va a llevar por delante un pellizco muy grande de la economía local”.
Sin cultivos para los canales de distribución
El problema al que se enfrenta el campo no se ciñe exclusivamente a quienes lo trabajan. Ellos son una pieza más dentro de una cadena que precisa de la implicación de cada eslabón. Si uno falla, sufre todo el sistema. Y en el caso de los agricultores de la provincia de Cádiz el fallo es colectivo.
El agricultor Jacinto Carrasco lo explica así: “Los canales de comercialización van a empezar a pedir productos y no se les va a poder dar porque no se puede recolectar ni una zanahora, no se puede entrar en el campo”. Después vendrán las grandes cadenas “diciendo que necesitan un producto que está por contrato: ¿pero es que no ven que no se puede entrar en el campo?”. Y ahí surge su preocupación, porque “si hacen efectivos los contratos encima pueden empezar a pedir daños y perjuicios al agricultor por no haber entregado un producto que, 0 se lo ha llevado el río, o se ha estropeado”.